¿Qué puede ser más fuerte que el amor?, ¿Qué barrera existe que la fe en Dios no pueda derribar?
El amor es un acto de fe en sí mismo y que mejor ejemplo de ello que el hecho de que Dios haya decidido enviar a su hijo único para salvarnos. Su amor es desinteresado, está ahí, esperando por nosotros con los brazos abiertos tal y como la imagen del Divino Niño nos muestra.
YO REINARE.
Su reino es de justicia y misericordia, su legado es la entrega y el amor incondicional. ¿Porqué nos cuesta tanto trabajo dejarnos abrazar por ese amor, entregarnos a él como un niño que busca el cobijo de su padre?
En un mundo sumido por la oscuridad, muchas veces olvidamos lo más esencial... Él es luz, la luz del mundo y ni las tinieblas han podido apagarlo. Necesitamos un milagro de amor y de unidad universal, más allá de credos, razas o nacionalidades, una plegaria de un corazón humano para alcanzar la gracia celestial. Después de todo un milagro no se basa tanto en la santidad como en la fe.
¿Porqué los niños pueden creer en cuentos de hadas y dragones y nosotros no? Seamos como niños, creamos en lo imposible, tengamos fe. Y con ese mismo amor infantil, dejémonos guiar, cuidar y amar por Jesús y por el Padre. "Venga a nosotros tu reino".
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